«Esta historia de transformismo se debe a la pluma de Robert Louis Stevenson, que jugó con el clásico mito griego de las dos caras de un mismo personaje: la parte buena y la bestia que todos llevamos dentro. El Dr. Jekyll, investigando una vacuna para alargar la vida, decide probarla él mismo. Al momento, sufre una horrible metamorfosis convirtiéndose en un ser brutal. Llega hasta el asesinato y el científico pagará con la muerte su transgresión de las normas morales.»
Mira, otra vez el «transformismo» a escena 😉 … otro clásico del terror es el famosísimo Doctor Henry Jekyll, protagonista como bien cuenta la historia del cromo de la novela de R.L. Stevenson «El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde», del año 1886 y que ya estáis tardando si todavía no habéis leído. Este personaje dual es otro que cuenta con innumerables adaptaciones al cine y la televisión, siendo las más famosas «El hombre y el monstruo» dirigida por Robert Mamoulian en 1931 y «El extraño caso del Dr. Jekyll» que protagonizaron los famosos Spencer Tracy, Ingrid Bergman y Lana Turner 10 años después a las órdenes de Victor Fleming. Y no nos olvidemos de la versión muda de 1920 ni de las hammerianas «Las dos caras del Dr. Jekyll» (de Terence Fisher, quizá mi favorita de todas) o la algo marciana pero estupenda «El Dr. Jekyll y su hermana Hyde«.
Tengo que reconocer que siempre he sentido debilidad por este personaje, porque es fácil identificarse con él: todos somos a la vez Jekyll y Hyde, y si tomásemos la famosa poción a saber las barbaridades que seríamos capaces de cometer sin ese «freno invisible» que nos proporcionan el sentido común, la moral y la educación recibida. El protagonista de esta historia quiere separar su lado malvado para aislarlo, pero como tantas veces ocurre el mal termina por aflorar, pues está indisolublemente unido a la naturaleza humana. Podemos controlarlo, pero nunca acabar con él.
En cuanto al cromo en sí, es de los que daban bastante mal rollo: un tipo con la mitad de la cara normal y la otra de una auténtica bestia parda al que le hace falta una visita urgente al peluquero/barbero del barrio. Por cierto, buen recurso del dibujante lo de dividir tan gráficamente las dos personalidades del protagonista, ante la imposibilidad de mostrar a la vez a Jekyll y a Hyde. Un gran cromo, si señor 🙂